Lección 7: Del Cerebro al Cuerpo

 

El cerebro es el centro de comunicación, o el coordinador principal, y depende de los estímulos constantes del mundo exterior y del mundo interior, de los sentidos y estados del cuerpo. Así como los ingenieros de la torre de control están atentos desde lejos a los aviones que aterrizan, también tienen que vigilar lo que sucede en las pistas, ya que los coches, camiones, equipaje y personas se mueven constantemente.

Los ingenieros miran hacia arriba, miran hacia afuera y miran hacia abajo. De manera similar, nuestros cerebros procesan constantemente los estímulos del mundo exterior, pero también procesan las sensaciones del cuerpo. Nuestro cerebro puede usar sensaciones como el hambre, la sed, el cansancio y la ansiedad para entender mejor nuestras necesidades, informarnos de lo que debemos hacer y ayudarnos a reaccionar. 

Cuando sientes hambre, generalmente haces planes para comer.

Cuando tienes sed, por lo general tomas un trago.

En otras palabras, el cuerpo no solo reacciona a las señales del cerebro. El cuerpo también informa al cerebro. El cuerpo recibe señales del cerebro, pero el cerebro también recibe señales del cuerpo.

Pregunta:

¿En qué otros momentos de la historia puedes ver ejemplos de las señales moviéndose desde el cuerpo hacia el cerebro?

¿Dónde hay evidencia de esa coordinación veloz entre cuerpo y cerebro?

Interocepción

El cerebro indica la acción del cuerpo, pero también recibe retroalimentación del cuerpo sobre su condición actual. En otras palabras, miramos hacia afuera y hacia adentro. Luego usamos lo que aprendemos de afuera y de adentro para dar sentido a 1) cómo nos va actualmente, y 2) cómo podemos mejorar.

Esta retroalimentación constante es la forma que tiene el cerebro de comprobar que todo está bien, que todos los sistemas mantienen el equilibrio necesario para navegar cada día y, como siempre, mantenerte vivo y seguro.

A este proceso lo llamamos comunicación cerebro-cuerpo, y la comunicación cerebro-cuerpo requiere que, ante todo, seamos conscientes de qué, dónde y cómo nos sentimos. La conciencia del estado interno de tu cuerpo se llama interocepción. Este es un concepto importante al que volveremos una y otra vez.

La palabra “interocepción” proviene de dos palabras: “interior” y “recepción”, y significa reconocer la retroalimentación de nuestro interior, del mundo interior de nuestro cuerpo.

Es fácil comprender cómo funciona la idea de interocepción en el cerebro y el cuerpo. Algunos breves ejemplos:

  • El hambre es una señal de que necesitas más comida. A veces, puedes reconocer el hambre como un dolor en el estómago. Otras veces, puedes darte cuenta de que tienes hambre sólo con los ruidos de tu estómago. Varios signos del cuerpo provocan una evaluación. Reconocer el hambre a través de estados físicos como un estómago ruidoso o un dolor es simplemente un acto de interocepción o conciencia interoceptiva.
  • La sed es una señal de que corres el riesgo de deshidratarte. A veces, puedes reconocer la sed por una sensación de sequedad en la boca. En otros momentos, puedes reconocer la sed porque te sientes mareado. Múltiples signos físicos pueden indicar la misma necesidad. Una vez más, el reconocimiento de la sed es una habilidad de la interocepción.
  • La alegría puede ser una señal de muchas cosas: que algo te deleitó, que fuiste recompensado con algo o que lograste una meta. Algunas personas sienten alegría como mariposas en el estómago. Otros pueden sentirlo como un calor en el pecho o una ligereza en la cabeza. Independientemente de dónde sientes alegría, el reconocimiento de cómo se siente tu cuerpo cuando sientes alegría es un acto de interocepción que luego te permite experimentar e interpretar la emoción.

Recibimos innumerables señales del cuerpo y estamos muy familiarizados con muchas de ellas y lo que significan. Gran parte de lo que conocemos como “emociones” involucran sensaciones en el cuerpo que notamos usando nuestra conciencia interoceptiva. La interocepción es, por tanto, un punto de partida fundamental para notar y luego tratar con las emociones.

 

DE NUESTRAS HISTORIAS 

Con voz apasionada, Rigo empezó a hablar de Cuba, luego de los primeros días que estuvo en la guerrilla.

Inés se quedó congelada y junto a ella toda el aula. Ella no estaba entrenada para lidiar con esto.

Mientras Rigo continuaba, inundado de recuerdos e inundando al resto de la clase, el pecho de Inés se tensó. Su garganta se cerró. Cada golondrina se sintió como una piedra. La guerra que todos habían vivido pero que nadie quería recordar volvía al aula a través de esa memoria compartida y todos coincidían en que era mejor dejarla en coma.

Inés recuerda cómo se sentía. Esa garganta cerrada, la piel de gallina que insinuaba miedo y culpa por igual. Y el frío en la punta de sus dedos. Ese día fue sofocante, pero las yemas de sus dedos se convirtieron en hielo cuando Rigo habló.

 

La imagen a la derecha explica en términos simples el concepto de interocepción.

Regulación de varios sistemas

La supervivencia requiere mantener muchos sistemas saciados y en funcionamiento. No puedes sobrevivir sin comida ni agua.

No podrías sobrevivir durante un largo período de tiempo sin la habilidad de sentir el calor o el frío. Es probable que no podrías sobrevivir sin emociones, porque las emociones como la alegría y el miedo son indicaciones de cuando algo está bien o cuando algo está potencialmente mal.

Cuando reconoces o notas estados fisiológicos, emocionales y anímicos, generalmente es porque son indicaciones de que algo en uno de sus sistemas ha cambiado o posiblemente está en riesgo. Como se dijo, el hambre es una indicación de que nuestro sistema digestivo necesita más combustible.

El miedo es una indicación de que algo dentro o fuera de ti representa una amenaza. Sentir, comprender e interpretar los estados de tu cuerpo te ayuda a sobrevivir y navegar con éxito por el mundo que te rodea.

Tu cuerpo trabaja rápidamente con el cerebro en un ciclo predictivo para prepararte para interactuar con el mundo que te rodea. La navegación exitosa por el mundo requiere una comunicación clara y frecuente entre el cerebro y el cuerpo. Conocer tus estados internos y lo que podrían significar es un recurso de supervivencia fundamental.

A veces, tu cuerpo “sabe cosas” antes que tu cerebro. Las señales de tu cuerpo como un estómago ruidoso, respiración acelerada, una frecuencia cardíaca más rápida o una sensación de inquietud son signos de que algo ha evolucionado o cambiado en el mundo que te rodea o dentro de ti.

Estos avisos te ayudan a adaptarte como sea necesario para seguir operando con éxito en el mundo. La adaptación en respuesta a estados emocionales o fisiológicos se llama regulación. La regulación implica ajustar, controlar o manejar algo interno o externo para que todos los sistemas vuelvan al funcionamiento deseado o saludable.

El proceso es bastante sencillo. Los eventos en el mundo que te rodea afectarán a múltiples sistemas — los desgastarán, irritarán o los estimularán demasiado durante un período de tiempo. A veces nos ajustamos automáticamente; otras veces nos adaptamos consciente y deliberadamente. Analizaremos esta diferencia en breve.

En general, los sistemas se regulan hacia arriba o hacia abajo para garantizar que se satisfagan las necesidades, que el cuerpo esté saciado y que los sistemas funcionen de manera saludable. La regulación suele ser temporal y cíclica.

Por ejemplo, cuando haces ejercicio, tu sistema circulatorio funcionará a un nivel más rápido. Tu sangre bombeará más rápidamente y la glucosa se distribuirá por todo el cuerpo con mayor rapidez. Tu sistema se regula hacia arriba para funcionar idealmente en ese momento.

Pero, para sobrevivir, eventualmente necesitamos volver a poner en equilibrio nuestros sistemas.  No haces ejercicio todo el tiempo.  Ejercitas por un tiempo corto.  Entre períodos de ejercicio el cuerpo descansa.  Esta fluctuación entre periodos de alta actividad y descanso es importante para un cuerpo y mente sanos.

Homeostasis y alostasis

Este equilibrio de sistemas se llama homeostasis. La homeostasis es la tendencia de varios sistemas fisiológicos a girar en torno a un nivel de equilibrio estable.

Generalmente, los procesos de regulación que nuestro cuerpo usa para mantener la homeostasis son llamados alostasis. La alostasis garantiza que nuestros sistemas suban o bajen, se apaguen o se enciendan, de forma predictiva para mantenernos funcionando a un nivel que satisfaga las necesidades del momento. 

Por ejemplo, cuando hacemos ejercicio, los sistemas del cuerpo necesitan “subir” para enviar más sangre y oxígeno a los músculos. Nuestra respiración y ritmo cardíaco incrementan (alostasis). Pero una vez que terminamos de ejercitarnos, la respiración, la circulación y el sistema nervioso buscarán desacelerarse, regularse hacia abajo y acercarse a su estado neutral y promedio (homeostasis). El ejercicio incrementó la demanda por un período de tiempo limitado. 

Por otro lado, los períodos de descanso o de sueño permiten que los sistemas del cuerpo se desaceleren un poco. La frecuencia cardíaca, la presión arterial y la temperatura corporal suelen descender. Pero al despertar, estos diversos sistemas “se activan” nuevamente.

Dicho de otro modo, los humanos tendemos a fluctuar alrededor de un nivel de equilibrio. A veces, nuestros sistemas se activan y, a veces, se desactivan. Pero, en general, todos los sistemas fluctúan alrededor de ese nivel de equilibrio.

Es importante recalcar que la alostasis es rápida e inconsciente. Por ejemplo, justo antes de ponerte de pie, tu sangre redistribuye su flujo para que no te desmayes. Este es un ejemplo del proceso de alostasis, y ocurre sin tu conocimiento consciente, en anticipación de lo que vendrá después. En este sentido, la alostasis es la regulación predictiva de varios sistemas.

Piensa en la torre de control. Los ingenieros deben coordinar muchos movimientos sutiles para que un avión despegue o aterrice. Necesitan considerar cosas como la velocidad del viento, otros aviones en el área y posibles interrupciones en la ruta de vuelo. El capitán del avión coordina con los ingenieros y recibe instrucciones sobre qué pista utilizar. El capitán del avión no necesita preocuparse por todas las posibles interrupciones antes del despegue. El capitán del avión no se comunica con otros camiones, automóviles o personas en las pistas. Simplemente despega desde donde le dicen, dependiendo de la torre de control para coordinar el resto. Es trabajo del ingeniero y de la torre de control organizar otras funciones y movimientos para despejar el camino para el avión y el capitán. Desde la perspectiva del capitán, solo necesita concentrarse en el despegue. La torre de control se encarga de los demás movimientos que posibilitan ese despegue.

De la misma manera, el cerebro se encarga de muchos procesos diversos automáticamente a través de la alostasis, lo que le permite lidiar con la situación a la que se enfrenta. Los aumentos, disminuciones y ajustes en cosas como el flujo sanguíneo, los niveles hormonales y la respiración que vienen con la regulación predictiva ocurren principalmente por debajo de tu nivel consciente.

Nuestra capacidad para la alostasis es muy eficiente y adaptativa. Es otro ejemplo de cómo tu cerebro crea atajos y heurísticas entre el cerebro y el cuerpo para ayudarte a sobrevivir.

Por ejemplo, cuando te sientes amenazado, es importante que tu cerebro regule rápida y automáticamente tus sistemas para responder en consecuencia. Del mismo modo, en momentos de calma y relajación, es adaptativo que tu cerebro calme rápida e inconscientemente tus sistemas, regulándolos a niveles más bajos para poder disfrutar del momento.

Lamentablemente, como hemos comentado,  no todas las respuestas automáticas son deseables. Algunas respuestas automáticas son maladaptativas. A medida que continuamos, veremos cómo se puede controlar mejor las respuestas automáticas y no deseadas.

Regulación inconsciente versus regulación deliberada 

Como se dijo, los cambios a corto plazo en un sistema son normales. Son necesarios. La alostasis es necesaria si queremos operar con éxito en el mundo.

A veces, nuestros cuerpos se regulan sin que estemos conscientes de ello. Los cambios en la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la temperatura, la respiración y las funciones digestivas, por ejemplo, no están necesariamente bajo nuestro control. 

Sin embargo, otras formas de regulación y adaptación están bajo nuestro control directo. En otras palabras, algunas formas de regulación son inconscientes, mientras que otras son voluntarias (deliberadas). Algunas formas de regulación son atendidas por el elefante, mientras que otras son atendidas por el jinete.

Por ejemplo, cuando comienzas a hacer ejercicio, tu cerebro se involucra en todo tipo de regulación inconsciente para preparar tus músculos para la tarea en cuestión.

Te ofrecemos otro ejemplo: si no comemos, eventualmente necesitaremos más energía. Empezamos a sentir hambre. ¿Cómo regulamos nuestra hambre y nuestro sistema digestivo? Comemos. Comer es un acto de regulación necesario y deliberado.

Cuando recibimos señales de que un sistema en nuestro cuerpo está necesitando algo, encontramos una manera de regular la situación y abordar la necesidad. El ciclo es sencillo: va desde la señal (ruido del estómago) hasta la evaluación de esa señal (hambre) y la regulación (comer). Más adelante, analizaremos este concepto en relación al estrés y cómo podemos regular el estrés cuando empezamos a sentirlo.

Pregunta: En nuestra historia,

¿Dónde puedes observar ejemplos de regulación inconsciente en nuestros sistemas corporales?

¿Dónde observas actos de regulación deliberada o consciente?

La comunicación se descompone

Desde el día que naciste, tu vida ha estado repleta de experiencias y estímulos variados, muchos placenteros, algunos desagradables.  Algunas de estas experiencias han quedado bien impresas en tu memoria emocional.  A lo largo de tu vida, puedes haber tenido experiencias que marcaron claramente tu modelo interior y las predicciones que tu cerebro hará.  Como parte del proceso predictivo, nosotros aprendemos.

Algunas veces, nuestras predicciones son acertadas.  Otras veces, nos equivocamos sobre lo que sucede y tenemos que cambiar de trayecto.

La comunicación constante es evidente en nuestras habilidades de interocepción.  El hecho que podemos reconocer y aprender de nuestros estados corporales es evidencia que nuestros cerebros son capaces de coordinar cantidades enormes de información, la mayor parte sin nuestra percepción consciente, es decir, por la parte del “elefante” de nuestro cerebro.  Todas las capas y todas las partes del cerebro son esenciales para la supervivencia, como también lo es la comunicación entre ellas.

Anteriormente mencionamos que las 86 mil millones de neuronas del cerebro tienen más de 100 billones de conexiones.  Estas 100 billones de conexiones implican un patrón casi sin fin de disparos, y un casi sin fin de movimientos, sentimientos, comportamientos y acciones.  Estas conexiones son los bloques de construcción de una actividad coordinada que abarca todo incluyendo la vista, el lenguaje, las emociones, hasta la escritura de obras filosóficas y grandes obras de arte.

Las 100 billones de conexiones entre las neuronas del cerebro están separadas totalmente de las  conexiones del cerebro con el cuerpo por medio del sistema nervioso.  Hay 100 billones de conexiones sólo en el cerebro, distintas a la red compleja de nervios que bajan por la columna vertebral a la piel y los demás órganos.

Como hemos dicho en múltiples oportunidades, normalmente no le es tan difícil al cerebro mantener el cuerpo en homeostasis.  O dicho en términos de nuestra metáfora, es frecuentemente posible que el jinete mantenga control del elefante. La mayoría de los ajustes que se necesitan día a día son sencillos y fáciles de lograr, ya sea inconscientemente o con un esfuerzo deliberado limitado.

Hasta ahora, todo lo que hemos descrito ha supuesto que el cerebro y el cuerpo, la torre de control del aeropuerto, el elefante y el jinete, no han experimentado nada que no sean capaces de manejar.  Nuestros sistemas están construidos para aguantar la gran mayoría de las experiencias que la vida nos puede presentar, incluyendo las sorpresas y los eventos inesperados.

Los humanos somos resistentes.  Los humanos tenemos resiliencia y somos fuertes, y ni las experiencias más retadoras nos pueden quebrar.  Sin embargo, algunas experiencias, algunos incidentes o eventos, pueden dañar algunas de nuestras comunicaciones internas.