Lección 5: Asustado de Ratones

 

Desde tu nacimiento, tu cerebro predictivo ha percibido, categorizado y respondido a los estímulos sensoriales para mantenerte a salvo, enseñarte lecciones de supervivencia y garantizar un funcionamiento exitoso en el mundo. Tus experiencias, recuerdos y asociaciones son ingredientes de predicciones futuras, lo que te permite adaptarte rápidamente a los riesgos potenciales y maximizar tus recursos de supervivencia.

Cada persona tiene asociaciones únicas sobre lo que es bueno, lo que es peligroso y lo que es riesgoso. Cada persona hace predicciones únicas basadas en lo que ha vivido, visto y sentido.

En otras palabras, tu elefante y tu jinete son únicos para ti. La torre de control de tu aeropuerto es única para ti, aunque comparte muchos elementos comunes con los demás.

Pregunta: A medida que conocemos nuevos personajes,

¿De qué modo son diferentes sus respuestas a situaciones similares?

¿Cómo difieren las respuestas de sus “elefantes” ante las situaciones que los irritan?

Es importante recordar que no todas las respuestas automáticas son útiles en cada situación. Como discutimos previamente, algunas de estas respuestas pueden ser maladaptativas o desalineadas. Nuestros personajes nos han dado ejemplos claros de esto.

A veces responderás de forma desalineada porque tu cerebro hará una predicción que resultará falsa: imaginaste que la situación sería amenazadora o peligrosa y luego te diste cuenta de que no lo fue. 

Pregunta: ¿Cuáles son algunas de estas “predicciones falsas” que hemos encontrado en nuestras historias hasta ahora?

Es así como el formar respuestas maladaptativas o desalineadas puede traerte problemas, aún si tu respuesta es en defensa de algo positivo. En la mayoría de los casos, es fácil corregir estos errores de predicción o cambiar una respuesta maladaptativa una vez que has descubierto la verdad sobre una situación. Pero a veces, debemos aprender de formas duras para nosotros.

Formando detonantes

Al pensar en los procesos inconscientes o en “el elefante”, notaremos una y otra vez cuán sensible es el cerebro inconsciente a las amenazas percibidas para la supervivencia. Una vez más, la prioridad de tu cerebro es mantenerte con vida y acumular recursos de supervivencia.

La mayoría de las veces, entonces, cualquier cosa que amenace esa prioridad se tomará en serio, o al menos llamará tu atención.

Piénsalo de esta manera: así como los elefantes tienen miedo de los ratoncitos, nuestros cerebros avanzados son muy sensibles a las señales y avisos pequeños de que un peligro está cerca.

Anteriormente, analizamos las asociaciones negativas. Dado que el cerebro es muy sensible a las amenazas potenciales a tu supervivencia y seguridad, las situaciones que te amenazan de alguna manera se recuerdan con mucha fuerza. Ocupan un lugar especial en la memoria.

Si no recordaras las cosas que te amenazaban o lastimaban, no podrías hacer las predicciones que tan a menudo te mantienen a salvo y te preparan para enfrentar el peligro. Sin memoria, sería difícil sobrevivir. Sin la capacidad de reaccionar rápidamente ante el peligro percibido, probablemente no podrías vivir. En pocas palabras, se presta especial atención a los recuerdos asociados con el riesgo y la amenaza, para que se puedan recordar y utilizar rápidamente.

Como resultado, cualquier cosa en el entorno que sugiera una amenaza, o que te recuerda una amenaza, puede desencadenar una reacción muy fuerte. Cualquier estímulo sensorial que te recuerda una amenaza, sugiere una amenaza o provoque una respuesta de amenaza puede denominarse un detonante.

DE NUESTRAS HISTORIAS 

Mientras pasaba la espátula en la sartén miró que el reloj colgado en la pared  marcaba las 8:30 de la noche. Se dio cuenta de que Eduardo, su marido, estaba retrasado y se puso inquieta. Tomó su celular, marcó de inmediato, pero nadie contestó.  

La mayoría de nosotros aprendemos a percibir las amenazas cuando somos pequeños, y a medida que crecemos nos volvemos bastante buenos prediciendo cuando una situación puede resultar peligrosa – a menos que algo nos sorprenda, nos agarre desprevenidos y amenace nuestra supervivencia repentinamente.

El cerebro desprevenido 

A veces, eventos imprevistos desafían nuestras predicciones. Estos eventos pueden dejar una huella psicológica importante porque en el momento en el que ocurren pueden resultar abrumadores, amenazadores y fuera de nuestro control. Ciertamente hay eventos que sorprenden a nuestros cerebros, particularmente cuando lo ocurrido fue imposible de predecir o contradijo tus predicciones. 

Generalmente, la incertidumbre y la sorpresa requieren un mayor esfuerzo por parte de nuestro cerebro. Cuando el cerebro es tomado desprevenido, se ve obligado a formar asociaciones rápidas y profundas, que recordaremos por mucho tiempo.

Como mencionamos previamente, el cerebro es muy sensible a las asociaciones negativas y genera fuertes recuerdos de estos eventos. El cerebro forma asociaciones negativas en relación con situaciones, sentimientos y estímulos que amenazan la seguridad y la supervivencia. Lamentablemente, estos detonantes pueden crear reacciones complejas por mucho tiempo luego del evento.

Ponte de nuevo en la perspectiva del jinete del elefante. Imagina que tú y el elefante andan por un camino despejado, pero de repente, inesperadamente, un ratón se escabulle por el camino. ¿Qué sucede?

El elefante se sacude, agita su trompa y huye desesperadamente. Ahora, dada la fuerza y ​​el tamaño del elefante, es probable que pierdas el control de las riendas.

Un ratón no puede lastimar a un elefante. Un elefante es mucho más fuerte que un ratón. El elefante no corre ningún riesgo. Pero aún así, el elefante tiene una reacción fuerte ante este pequeño detonante que en realidad no puede hacerle daño. 

Cuando el elefante predice o experimenta una amenaza, deja de recibir instrucciones del jinete y corre en busca de seguridad donde sea que pueda encontrarla.

DE NUESTRAS HISTORIAS 

La sola idea de que algo malo hubiese pasado le nublaba el pensamiento. Con la tensión sobre sus hombros, el sudor en su frente y las manos temblorosas, recordó la última vez que su esposo llegó tarde a casa: le habían robado el carro y nunca más lo recuperaron. Además de dejarlos por un buen tiempo sin transporte, a raíz de ese episodio Eduardo llevaba una cicatriz en la frente: le habían dado un golpe en medio del robo.

Inés revisó la última conexión en WhatsApp de su marido y se dio cuenta de que hacía una hora no revisaba el teléfono. La angustia era grande. Le dejó una nota de voz muy preocupada y notó que no le llegaban. “¿Será que no tiene señal? ¿Le habrán robado el celular?”, pensaba. 

Volviendo a nuestra metáfora, cuando el elefante siente o ve un ratón, tiene una reacción muy fuerte, ignorando sólo temporalmente el control del jinete.

El jinete pierde el control, sucumbiendo a la rápida respuesta de supervivencia del elefante. Por lo general, y con suerte, el jinete puede recuperar las riendas, calmar al elefante y redirigirlo de nuevo a su curso.

Tiene sentido. El cerebro es predictivo, por lo que incluso pequeños recordatorios de dolor o sufrimiento pasados ​​pueden crear una reacción negativa muy rápida y fuerte. En esos momentos, podemos perder el control aunque sea por un instante, hasta que la percepción y la sensación de amenaza hayan pasado.