Lección 4: Cuánto Más Fuerte se Vuelve

 

Tu cerebro hace predicciones para ayudarte a mantenerte con vida. Tu cerebro hace predicciones constantemente para prepararte para enfrentar desafíos y amenazas, y para ayudarte a acumular recursos de supervivencia. Recuerda, los recursos de supervivencia incluyen comida y agua, tu seguridad física, relaciones, comunidad, hogar y una serie de otras cosas que te ayudan a mantenerte vivo y sano todos los días.

Sencillamente, si tu cerebro no estuviera prediciendo y preparándote constantemente de esta manera, no sobrevivirías. Como hemos dicho, las predicciones del cerebro producen respuestas adaptativas, es decir, reacciones que te ayudan a adaptarte rápida y eficientemente al mundo que te rodea, aumentando tu capacidad para enfrentar la situación entrante y sobrevivir. Con el tiempo, algunas de nuestras asociaciones, heurísticas y respuestas adaptadas crecen cada vez más rápido, cada vez más fuertes.

La capacidad de tu cerebro para predecir el peligro y coordinar respuestas rápidas ante peligro es algo bueno. En la mayoría de los casos, te ayuda a mantenerte con vida.

Adaptativo pero Inapropiado

Sin embargo, no todas las respuestas adaptativas son apropiadas. De hecho, si bien todas las respuestas adaptativas son de alguna manera lógicas, eso no significa necesariamente que sean ideales para nuestro éxito a largo plazo.

A veces, tus respuestas adaptativas ante las predicciones puedes estar desalineadas con la situación en la que te encuentras o ser inapropiadas a lo que debería ser la respuesta ideal. Es decir, a veces el cerebro trata de responder ante algunas situaciones enviando respuestas que son lógicas pero inapropiadas para la situación.

A largo plazo, los patrones de respuestas automáticas pueden ser maladaptativos, es decir, respuestas que son adaptativas pero que no proporcionan un ajuste adecuado o apropiado ante la situación. Cualidades o respuestas que nos han ayudado a sobrevivir en el pasado no encajan bien en la situación actual, y nuestros patrones adaptativos pueden, en el largo plazo, causar retos indeseados en nuestra vida personal.

A veces, nuestras reacciones simplemente nos suceden. Mucho de lo que ocurre en nuestro cerebro pasa inconscientemente, y eso incluye las respuestas a personas, sonidos, olores, visiones y sentimientos. 

Encendido todo el Tiempo

Es un poco intimidante pensar que suceden cosas en tu cerebro sin tu conocimiento y sin tu permiso. A todos nos gusta tener el control. Perder el control resulta frustrante y aterrador.

Piensa por un momento en lo que se necesita para mantenerte vivo día a día, hora a hora, segundo a segundo:

  • Tu corazón necesita latir.
  • Tus pulmones necesitan respirar.
  • Necesitas procesar todos los colores, formas y sombras que te rodean en solo unos pocos milisegundos.
  • Deben moverse las piernas, los brazos y la cabeza.
  • Necesitas sentir emociones, para tomar decisiones.
  • Necesitas reconocer el sudor en tu frente, el dolor en tu cuello, el amor en tu corazón.

Todos estos procesos y sentimientos tienen que ocurrir a cada instante. Pensando en la metáfora de la torre de control del aeropuerto, todos los radares y máquinas de la torre deben estar “encendidos” todo el tiempo.

El trabajo de la torre nunca termina, porque constantemente debe estar escaneando tierra y cielo para que todo funcione sin problemas y de forma segura. Los ingenieros encienden muchas de las máquinas y las dejan en funcionamiento, incluso cuando no las vigilan, no trabajan con ellas o no piensan en ellas.

De la misma manera, tu cerebro está constantemente “encendido”, haciendo cosas y coordinando diferentes procesos en los que quizás no estés pensando activamente, como la respiración, el flujo sanguíneo, la temperatura corporal, la digestión, el deseo sexual, y los movimientos físicos.

Sobreviviendo Inconscientemente

Imagina, por un momento, que tuvieras que pensar activamente en cada respiración, cada latido del corazón, cada movimiento. Imagínate si tuvieras que solicitar y acceder a cada respiración, cada movimiento y cada sensación. Es difícil de imaginar.

Si tuvieras que controlar cada acción coordinada por el cerebro, morirías casi de inmediato, porque hay miles o millones de funciones que deben coordinarse simultáneamente para mantenerte con vida.

La supervivencia es un proceso complejo que comienza con funciones fisiológicas básicas como la respiración y los latidos del corazón, y se extiende hasta las relaciones e interacciones sociales. La supervivencia es una tarea enorme que tu cerebro está coordinando constantemente.

Ningún ser humano tiene el tiempo, la energía o la capacidad para controlar cada acción iniciada por el cerebro. Por lo tanto, muchas funciones básicas como respirar, dormir, comer y los sentimientos iniciales de emoción son manejados por el cerebro inconscientemente, sin nuestra conciencia  o instrucciones intencionales.

El ciclo que describimos anteriormente, de Predicción → Simulación → Preparación → Evaluación ocurre tanto para procesos conscientes como inconscientes.

Sucede con nuestra respiración.

Sucede con el latido de nuestro corazón.

Le pasa a nuestros músculos.

De hecho, la gran mayoría de la actividad cerebral es inconsciente. La actividad en el cerebro ocurre sin tu conocimiento, sin tu conciencia, permiso o control – por lo menos inicialmente.

Necesitando tanto el inconsciente como el consciente

Los estudios sugieren que entre el 95% y 98% de la actividad cerebral es inconsciente.

Eso significa que eres consciente de tan sólo entre el 2% y 5% de la actividad cerebral.

Dentro de ese 95-98% de la actividad inconsciente se encuentran funciones básicas que te mantienen con vida: funciones como la respiración, la regulación de la temperatura corporal, los latidos del corazón y, hasta cierto punto, las emociones. Recuerda que la primera prioridad del cerebro es mantenerte con vida y la supervivencia tiene muchos componentes, incluyendo los sentimientos emocionales iniciales en respuesta a situaciones.

Necesitas un latido y un aliento para mantenerte con vida. También necesitas sentimientos y emociones que guíen tus decisiones rápidas para abordar o evitar situaciones, para confiar o desconfiar de ciertas personas. Una vez más, no podríamos vivir si tuviéramos que controlar conscientemente todas nuestras funciones básicas de supervivencia.

El 95-98% de la actividad inconsciente nos ayuda a mantenernos vivos al controlar las funciones fisiológicas básicas, así como muchas respuestas automáticas y heurísticas aprendidas a través de asociaciones.

La mayoría de nuestros pensamientos ocurren dentro de ese 2-5% de actividad consciente. Eso también incluye nuestros pensamientos sobre nuestros procesos inconscientes.

En el 2-5% se encuentran procesos como el pensamiento lógico, la toma de decisiones, el manejo de nuestros diversos sentimientos y emociones, pensar en las emociones de otras personas, resolver problemas matemáticos y planificar para el futuro.

Es importante recordar que el 2% y el 98% se necesitan mutuamente. No podrías sobrevivir sin los procesos automáticos de su cerebro. Y no disfrutarías de tu vida sin el 2% de procesos conscientes.

El elefante y el jinete

Una forma fácil de entender cómo experimentamos la relación entre los procesos conscientes e inconscientes en el cerebro es la siguiente.

Los elefantes, los animales más grandes del mundo, son criaturas asombrosas en muchos sentidos. Si bien su poder y tamaño son evidentes, hay algunos aspectos menos visibles de los elefantes que es importante enfatizar.

  • Los elefantes son muy sociales
  • Lamentan la pérdida de sus seres queridos.
  • Tienen excelente memoria
  • Son muy sensibles
  • Son asustadizos ante los animales pequeños, incluyendo los ratones.

En algunas culturas, los elefantes son animales de carga de trayectos largos, que ayudan a transportar personas y mercancías a través de largas distancias. En algunas partes de la India, los agentes de policía montan sobre elefantes que han entrenado desde que eran pequeños.

Entonces, imagina a alguien montado sobre un elefante.

El jinete encima del elefante sabe a dónde debe ir. Su dirección es clara, y debido a que el elefante es tan grande, el jinete solo necesita proporcionar una dirección y un control mínimos. En resumen, el jinete conoce la ruta, pero necesita que el elefante lo lleve allí. Se necesitan el uno al otro. Depende el uno del otro. Ninguno llegará al destino sin el otro.

 

El jinete tiene que pensar un poco más que el elefante. Debe racionar los recursos, conseguir más suministros y mantener una dirección clara. El jinete controla una parte de los recursos necesarios para completar el viaje, pero es indispensable el elefante para llegar allí porque el elefante es quien realmente hace la mayor parte del trabajo.  El jinete necesita al elefante para sobrevivir al viaje. 

En esta metáfora, el jinete representa lo que experimentamos como esa parte del 2-5% del cerebro, el cerebro consciente al que uno tiene acceso introspectivo y reflexivo, la parte con la que puede comunicarse directamente.

Un jinete cuidadoso

El jinete no representa una parte específica de nuestro cerebro, sino la serie de redes y conexiones que permiten actividades dirigidas y deliberadas que son importantes para las personas:

  • Pensamiento racional
  • Aprendizaje de nueva información
  • Regulación de las emociones
  • Elementos de toma de perspectiva y empatía

De nuevo, estos aspectos del “jinete” no son un área específica del cerebro, sino una serie de funciones, muchas de las cuales están contenidas en redes interconectadas en la parte frontal del cerebro conocidas como corteza prefrontal.

En pocas palabras, el jinete es deliberativo. Piensa, calcula, quizás lentamente, pero a menudo con precisión. El jinete calma al elefante cuando comienza a ponerse ansioso. El jinete corrige el camino cuando el elefante se desvía.

Sin embargo, es importante recordar que el jinete necesita al elefante constantemente. No es de ninguna manera mejor que el elefante, ya que los dos tienen una relación de dependencia mutua.

Un elefante sensible

La gran mayoría de nuestro cerebro – el 98% – lleva una actividad inconsciente, como el elefante. El elefante es fuerte y robusto, no tiene que calcular la distancia, leer las direcciones del sol y las estrellas, ni administrar los recursos. Pero el elefante necesita esquivar los agujeros en el camino o de los animales peligrosos. El elefante puede sortear muchos obstáculos y barreras que el jinete no podría sortear solo.

El jinete necesita que el elefante haga parte del trabajo pesado que él no puede hacer.

Como el elefante, las funciones inconscientes de nuestro cerebro son generalmente inaccesibles a la introspección y la reflexión. No se puede acceder a ellos la mayor parte del tiempo. Así como ocurre con el elefante, es algo difícil comunicarnos con nuestros cerebros inconscientes, pero aprendemos, con el tiempo, a construir una relación de trabajo saludable y de comunicación, como lo hacen el elefante y el jinete.

No le “decimos” a nuestros pulmones que respiren ni a nuestros corazones que latan. No controlamos específicamente la temperatura de nuestro cuerpo, ni controlamos todas las emociones que sentimos en un momento dado. No ordenamos a nuestros ojos que vean colores, procesen formas o que sientan dolor. Todo este trabajo crítico, pero sobre todo automático, se realiza por debajo de nuestra conciencia. Lo hace el “elefante”. Pero, con tiempo y esfuerzo, podemos comenzar a comprender muchos de estos procesos automáticos y tener algunos de ellos un poco más bajo control.

Experimentas procesos inconscientes y conscientes en tu cerebro al igual que el elefante y el jinete se experimentan entre sí.

Los dos crecen y cambian con el tiempo.

Los dos se necesitan.

Los dos son partes críticas del viaje.

Nuevamente, existe una simbiosis, o dependencia mutua, entre el elefante y el jinete, al igual que existe una relación crítica y una comunicación constante entre lo que se sienten como procesos inconscientes o automáticos y lo que se sienten como procesos conscientes / deliberativos en el cerebro.

En resumen, no somos conscientes de todos los procesos que ocurren en nuestro cerebro todo el tiempo, pero sin ellos, simplemente moriríamos. Los procesos inconscientes o heurísticos nos ayudan a sobrevivir, y con el tiempo y la práctica, podemos conocer y controlar mejor algunos de estos procesos. 

Una relación de dependencia

Como mencionamos, no todas las respuestas rápidas son útiles a largo plazo si bien son el producto de una respuesta adaptativa en su momento. A veces, una reacción iniciada por el elefante puede molestar o incomodar al jinete, y otras veces, las respuestas del jinete le resultarán confusas al elefante. 

Dicho esto, el jinete y el elefante deben llegar a algún acuerdo. Sin el elefante, el jinete no llegará a su destino porque el camino se le haría muy difícil. Sin las respuestas automatizadas de supervivencia, moriríamos.

Por otro lado, sin el jinete, el elefante no tendría un objetivo claro. Sin la habilidad de corregir nuestras propias falsas predicciones y respuestas maladaptativas, nunca aprenderíamos ni ajustaríamos nuestras respuestas.

El elefante hace mucho del trabajo para que el jinete pueda enfocarse en las metas y tareas, tales como mantener la dirección correcta, buscar señales y acumular recursos. El jinete y el elefante necesitan el uno del otro. Cada uno tiene su propia especialidad, y juntos, nos mantienen con vida y en el camino correcto. 

Esta metáfora nos enseña que hay muchos procesos que ocurren inconscientemente entre la mente y el cuerpo y que impulsan nuestros pensamientos y comportamientos. Si bien no los podemos controlar del todo, es útil entenderlos. 

Si el jinete y el elefante comprenden sus roles mutuos un poco mejor, viajarán con mayor facilidad haciéndose compañía y nos mantendremos en el camino correcto hacia una salud social y relacional mejor.