Lección 12: Un Grifo Abierto

 

La respuesta humana al estrés es adaptativa. La alostasis garantiza que varios sistemas se activen y desactiven para satisfacer las demandas del mundo que nos rodea. Por lo tanto, nuestra respuesta al estrés continuará durante el tiempo que sea necesario para satisfacer las demandas del mundo exterior, mientras el factor estresante esté presente.

La respuesta al estrés es similar a un grifo. Los grifos están diseñados para hacer que el agua esté disponible de manera rápida y eficiente cuando sea necesario. Puedes abrir el grifo, soltando toda el agua que necesitas, y cuando ya no necesites agua, puedes cerrarlo. Un grifo también tiene una especie de alostasis. Se adapta constantemente a las necesidades del entorno, abriéndose por completo, abriéndose un poco para soltar solo un goteo o cerrándose para detener el flujo de agua. El grifo, al igual que la respuesta al estrés, siempre está listo cuando se necesita, en la medida necesaria.

Pero se supone que los grifos no deben dejarse abiertos. Un grifo abierto drenaría toda el agua del tanque. Además un grifo abierto puede dañar el piso o inundar el jardín, o el agua puede filtrarse dañando las paredes o pudriendo los cimientos de la casa.

El sistema de respuesta al estrés funciona de manera similar. Cuando el estrés o la amenaza se presentan en nuestro camino, el cerebro y el cuerpo se adaptan y ajustan todos nuestros sistemas para enfrentar la situación inmediata hasta que las cosas cambien de nuevo.

Para muchas personas, el estrés que enfrentan va y viene en oleadas. El estrés se presenta durante un corto período de tiempo y luego se desvanece en circunstancias más tranquilas o “normales”. Se deja manejar.  

Desafortunadamente, a veces el estrés permanece. A veces, la fuente de estrés no desaparece.

Cuando el estrés persiste

La guerra, los desastres, conflictos y violencia reorganizan nuestra realidad de tal forma que producen un estrés constante. En tiempos de adversidad, el estrés crece. Puede que cambie día a día pero incluso cuando disminuye, podemos sentir su presencia.

En nuestra historia, ya hemos podido ver que nuestros personajes han entrado en un período de estrés crónico. El estrés crónico no se disipa. Ocurre cuando el estímulo estresor o la amenaza no pasan, sino que permanecen presentes obligando a nuestra respuesta de estrés a permanecer encendida. El grifo se mantiene abierto. 

 

En situaciones de estrés crónico, los sistemas se “activan al máximo” durante períodos prolongados.

  • El eje HPA se mantiene hiperactivo.
  • El sistema nervioso simpático se mantiene hiperactivo.
  • Los sistemas corporales funcionan en “modo de estrés” durante períodos prolongados.

 

 

Como hemos comentado, todos los componentes de la respuesta al estrés humano trabajan juntos para asegurar nuestra supervivencia frente a una amenaza. Cuando un factor estresante nos amenaza de alguna manera, el cerebro y el cuerpo movilizan respuestas defensivas. Y cuando el factor estresante no desaparece, el cuerpo seguirá respondiendo a él y a su constante presencia.

Hipervigilancia

 

Ante el estrés crónico, nuestro eje HPA y el sistema nervioso simpático pueden volverse hiperactivos. Esta activación sostenida del sistema de respuesta al estrés, llamada hiperactivación, puede ocurrir en respuesta a un peligro, a una amenaza o a un estímulo estresante real o percibido. En otras palabras, es como cuando el grifo se abre y se atasca en una posición abierta, con el agua saliendo constantemente.

En la hiperactivación, la respuesta al estrés en el eje HPA y el sistema nervioso simpático permanece activa. El cuerpo continúa produciendo las hormonas del estrés de las que hemos hablado. Los efectos de la hiperactivación en la mente y el cuerpo son complicados y diversos. Si bien es posible funcionar con cierta normalidad bajo estrés crónico, existen consecuencias negativas claras para la mente y el cuerpo.

 

 

 

Pregunta:

¿Dónde podemos observar que el estrés crónico afecta a nuestros personajes en la historia?

¿Cuáles son algunos de los indicadores físicos o psicológicos del estrés crónico en nuestros personajes?

Piensa en la torre de control del aeropuerto. Piensa en el ingeniero sentado frente a las pantallas de radar y otros dispositivos, buscando posibles amenazas al aeropuerto. Si ocurre un pequeño problema, tal vez pueda solucionarse con algunos ajustes menores. Un pájaro grande vuela en el camino de un avión. El ingeniero puede simplemente dirigir el avión para que cambie ligeramente de rumbo, para evitar al pájaro.

 

Pero imagina que un problema se convierte en dos problemas. Tres problemas. Cinco problemas. Imagínate innumerables aves grandes acercándose al espacio aéreo del aeropuerto desde direcciones diferentes. Imagínalas a todas volando al mismo tiempo.

Imagínate a los pájaros volando en círculos. Sencillamente no se irán. Se están convirtiendo en una fuente crónica de estrés para el aeropuerto.

 

 

En esa situación, el aeropuerto no puede permanecer cerrado para siempre. El ingeniero tiene que encontrar una nueva estrategia. Necesita encontrar una manera de manejar simultáneamente todas las amenazas entrantes y, al mismo tiempo, mantener las pistas y los aviones funcionando lo mejor posible.

En primer lugar, el ingeniero debe concentrarse constantemente en las múltiples amenazas que puedan ocurrir. El ingeniero debe estar atento a todas las amenazas existentes, además de la posibilidad de nuevas. Y continuamente tiene que comunicar los cambios y ajustes a todos los aviones, vehículos y personal que se encuentran abajo. Es una tarea complicada y agotadora.

Así es como el estrés crónico opera en tu mente. En el contexto del estrés crónico, tu mente se ocupa cada vez más y se concentra en fuentes de estrés múltiples o persistentes. Al mismo tiempo, tu cerebro dirije adaptaciones constantes en los sistemas para enfrentar a cada instante las amenazas persistentes.

Cuando una persona se encuentra en un estado de hiperactivación, la mente presta más atención a los miedos, a las preocupaciones, a los escenarios imaginados, o a la amenaza que aguarda a la vuelta de la esquina. A este fenómeno lo llamamos hipervigilancia.

En situaciones de estrés crónico, es común que algunas personas se sientan constantemente al borde, que piensen constantemente en todas las posibles consecuencias. Algunas personas pueden llamarlo paranoia. Otros lo conocen como un sentimiento de ansiedad.

Estas etiquetas son verdades parciales y ambas ayudan a describir la hipervigilancia. La hipervigilancia se caracteriza por una mayor sensibilidad y un sesgo de atención a los posibles factores de estrés y amenazas, incluso si no son reales. Puede ir acompañada de síntomas típicos de la ansiedad asociados con la actividad del sistema nervioso simpático, que incluyen:

  • pupilas dilatadas
  • respiración muy rápida
  • inquietud
  • sudoración
  • latido cardíaco acelerado
  • imprecisión de cálculo de riesgo
  • reducido control de los impulsos

A medida que crece tu estrés, la hipervigilancia puede mantener tu energía y tu atención fijas en las amenazas y los estresores. Te hace estar siempre atento a los peligros incluso cuando no existan, o cuando sólo existan en tu mente.

La hipervigilancia es como si el cerebro predijera riesgos con más celo con el propósito de protegerte mejor. Es un sesgo de atención ante cualquier circunstancia que amenazara tu seguridad. Por supuesto, para tu cerebro es mejor estar prevenido. En lo que respecta a tu supervivencia, es preferible predecir equivocadamente que existe un peligro que predecir equivocadamente que estamos a salvo. 

DE NUESTRAS HISTORIAS 

Eran las 6:45 de la mañana del viernes y a esa hora solía haber cierto movimiento en el barrio porque las personas que trabajaban en el centro y otras zonas de la ciudad salían temprano para llegar entre las 8 y las 9 a sus empleos. Sin embargo, esa mañana no se veía tanto volumen de gente. 

Mayra, que siempre iba a paso rápido por esas escasas cuadras que la separaban de la escuela, aceleró aún más la caminata. Cuando llegó nueva a la zona le habían recomendado nunca mirar a nadie en la cara porque no sabía a quiénes pudiera estar mirando, así que al bajar del autobús, con la respiración mucho más acelerada, el cuerpo tenso, la vista fija en el horizonte, las manos sudorosas, dando pasos agigantados y disimulando su miedo, pasó de largo a un grupo de hombres que se veían bastante sospechosos. 

Los docentes y el personal médico eran intocables en el barrio. Ese era uno de los códigos que regían y que rara vez eran vulnerados. A esa escuela asistían tanto los hijos de los cabecillas de las pandillas como los hijos de comerciantes, de mecánicos. Muchas veces los médicos y las enfermeras salvaban las vidas de los vecinos luego de balaceras, por lo que estaban agradecidos; y las maestras formaban a sus hijos, a veces hasta los alejaban de ese camino difícil que era el de la calle.

Tanto la hiperactividad como la hipervigilancia son maneras de apoyar al elefante de nuestra metáfora. Cuando el cerebro participa en una respuesta al estrés crónico, está constantemente señalando las posibles amenazas al elefante, por lo que la comunicación entre el elefante y el jinete puede dificultarse y esto hace que el elefante sea más difícil de controlar. El estrés crónico nos puede hacer sentir que perdemos el control de nuestras emociones, pensamientos y respuestas.

En resumen, la hipervigilancia nos enfoca en las amenazas. Sus efectos son importantes y pueden afectar negativamente otras partes de nuestro cuerpo. Estos efectos varían de persona a persona, y se basan en el tipo y grado de estrés. De cualquier forma, es bueno resaltar algunos de los efectos más comunes y describir la relación entre la respuesta de estrés y nuestra salud.